Valoria la Buena, donde la ciencia ficción cobra vida
Valoria la Buena, Valladolid

Por Miryam Tejada

Hay pueblos que reconocemos porque sus calles han aparecido en una serie o porque un actor famoso rodó frente a su iglesia. Valoria la Buena juega con otras reglas. Aquí no venimos a buscar el lugar exacto en el que se grabó una escena, sino a descubrir algo quizá todavía más curioso: cómo se fabrican los mundos, personajes y criaturas que después terminamos viendo en pantalla.

Este municipio vallisoletano ha encontrado su particular vínculo con el audiovisual a través de dos espacios muy diferentes: Puerto Espacial, creado por el artista Juan Villa, y el Museo de Cine Colin Arthur, dedicado al trabajo de uno de los grandes especialistas en maquillaje, criaturas y efectos especiales artesanales. Dos visitas que convierten a este pequeño pueblo castellano en una parada inesperada para aficionados a la ciencia ficción y al séptimo arte.

Pero el viaje no termina ahí. Valoria la Buena suma a esta vertiente audiovisual patrimonio, naturaleza y una tradición vitivinícola muy ligada al territorio. 

Un puerto espacial en plena Castilla

La primera sorpresa llega en Puerto Espacial. Basta entrar para dejar atrás, durante un rato, el paisaje vallisoletano y encontrarse rodeado de extraterrestres, robots, naves y criaturas de ciencia ficción.

La exposición permanente es una iniciativa del escultor Juan Villa y propone una experiencia inmersiva para todas las edades. El recorrido pasa por puestos de mercaderes galácticos, una cueva helada, un palacio, una cantina y un gran hangar con réplicas de naves, todo acompañado por iluminación, sonidos y efectos visuales. 

No se trata de un museo dedicado a una película concreta. De hecho, Puerto Espacial se presenta como una exposición fan no oficial. Su atractivo está precisamente en jugar con los códigos que todos asociamos al cine de ciencia ficción y mostrar hasta qué punto la escenografía, la escultura y la ambientación pueden hacernos creer, durante la visita, que hemos abandonado el planeta.  

Para los niños probablemente será una aventura entre robots y extraterrestres. Para los más cinéfilos hay otra lectura: observar de cerca el trabajo necesario para construir físicamente aquello que después parece real ante una cámara.

Colin Arthur: las criaturas salen de la pantalla

El segundo gran motivo audiovisual del viaje es el Museo de Cine Colin Arthur.

Colin Arthur desarrolló una carrera vinculada a más de 140 producciones y trabajó con cineastas como Stanley Kubrick, Ridley Scott, Steven Spielberg, Pedro Almodóvar o Alejandro Amenábar. Su nombre está relacionado con universos tan reconocibles como 2001: Una odisea del espacio, Alien, Conan o La historia interminable. 

La exposición permite acercarse al trabajo que normalmente queda fuera del plano. Esculturas, máscaras, criaturas, moldes y recreaciones muestran cómo una idea empieza en un boceto y termina convertida en algo capaz de engañar al ojo del espectador.

Entre sus personajes más reconocibles aparecen Fújur, el Comepiedras o el Caracol de Carreras, vinculados a La historia interminable. El museo reúne figuras realizadas por el propio artista a partir de moldes originales utilizados en rodajes, junto a recreaciones elaboradas por el equipo de Prometeo Escultura, de Juan Villa. 

Y ahí está buena parte de la gracia de la visita, entender que durante décadas los grandes efectos especiales no nacían únicamente de un ordenador. Había barro, látex, maquillaje, mecanismos, esculturas y muchas horas de trabajo manual.

Cuando desmontar la magia hace que te guste todavía más

Normalmente el turismo de pantalla nos invita a comparar un fotograma con el lugar real. En Valoria la Buena sucede justamente todo lo contrario. En el Museo de Cine puedes descubrir cómo se diseña una criatura desde el primer dibujo, conocer procesos de restauración y acercarte al making of de películas que forman parte de varias generaciones de espectadores. 

Puerto Espacial y el Museo Colin Arthur se complementan muy bien: uno construye un universo en el que el visitante puede entrar; el otro muestra las técnicas, las manos y la imaginación necesarias para crear aquello que después vemos en pantalla. 

Más allá del cine: patrimonio y paisaje

Más allá de sus dos grandes atractivos audiovisuales, el municipio también merece un paseo por su patrimonio. La Iglesia de San Pedro Apóstol, declarada Bien de Interés Cultural, es uno de los edificios más llamativos por su planta central hexagonal y la gran cúpula que cubre el espacio. 

A pocos pasos aparecen la Ermita del Santo Cristo de la Esperanza, de estilo barroco, y dos antiguos palacios de los siglos XVII y XVIII vinculados a los Vizcondes de Valoria. Sus fachadas todavía conservan interesantes escudos nobiliarios. 

El paseo permite encontrarse también con pequeños vestigios de la historia local, como la Cruz de San Martín, vinculada al antiguo Vía Crucis, o los tradicionales chozos de piedra, utilizados antiguamente como refugio frente al mal tiempo. Son elementos sencillos, pero ayudan a entender el carácter rural de esta parte de Valladolid. 

Entre ellos aparece también el Museo del Cántaro, nacido a partir de la colección cedida por Gabriel Calvo y Margarita Martínez. Es una visita curiosa para quien quiera acercarse a la alfarería tradicional y a un objeto que durante generaciones formó parte de la vida cotidiana. Actualmente es necesario concertar cita previa. 

Y si apetece salir del casco urbano, la ubicación en la Ribera del Pisuerga permite continuar la visita por caminos rurales, zonas de monte y pequeños valles. El término municipal cuenta con varias elevaciones que superan los 800 metros y con recorridos adecuados para caminar o pedalear, especialmente agradables para completar una jornada de museos y patrimonio. 

Bodegas bajo tierra y cultura del vino

Si hay un elemento que forma parte de la identidad de esta zona de Valladolid es el vino.

Valoria la Buena se integra en el territorio de la D.O. Cigales y conserva espacios como el Barrio de Bodegas Fuenteperal, históricamente vinculado tanto a la elaboración del vino como a la vida social del municipio. Algunas de estas bodegas tradicionales siguen manteniendo actividad y recuerdan la importancia que tuvo la viticultura en la localidad. 

También se encuentra aquí Concejo Bodegas, una de las propuestas más completas para quien quiera sumar enoturismo al viaje. Sus visitas permiten conocer el viñedo, acercarse a la elaboración y participar en catas, además de recorrer un paisaje profundamente ligado a la cultura del vino. 

Merece la pena fijarse también en la propia arquitectura de las bodegas. Excavar en el terreno permitía mantener condiciones adecuadas de temperatura y humedad, creando un pequeño paisaje subterráneo que cuenta otra parte de la historia local.

Gastronomía: queso, miel y vino de Cigales

La gastronomía local está muy ligada al producto de Castilla y a la tradición agroalimentaria de la zona. Entre los sabores más representativos destacan el queso de oveja, la miel, los panes, las carnes y otras elaboraciones propias de la cocina de interior.

A ello se suman los vinos de la D.O. Cigales, conocidos tradicionalmente por sus claretes y rosados, aunque hoy la denominación incluye una gama mucho más amplia de vinos.

Una cata acompañada de queso local o una degustación de la miel de la zona es una buena forma de completar la visita y de descubrir otra parte de la identidad de Valoria la Buena.

Nuestros tips

  • Reserva tiempo para los dos espacios audiovisuales. Puerto Espacial y el Museo de Cine Colin Arthur son complementarios, no visitas repetidas.
  • Consulta los horarios antes de viajar, porque los calendarios de apertura cambian entre invierno y verano.
  • No te quedes solo con los museos: la Iglesia de San Pedro, los antiguos palacios, la ermita y la Cruz de San Martín justifican un paseo por el casco urbano.
  • Busca los chozos tradicionales si recorres los caminos del entorno: cuentan otra parte de la historia rural de la localidad.
  • Incluye una bodega en la escapada si te interesa el enoturismo. La cultura del vino es uno de los elementos que mejor completan la visita.
  • Prueba producto local, especialmente queso, miel y vino de la D.O. Cigales.
  • Y recuerda la principal peculiaridad del destino: aquí no vienes a buscar dónde se rodó una película, sino a descubrir cómo se construye aquello que termina apareciendo en ella.