Somiedo, donde la naturaleza también sabe de cine
Somiedo

Por Miryam Tejada

Hay lugares que parecen hechos para caminarse y otros que, además, se dejan mirar como si ya estuvieran encuadrados. Somiedo juega en las dos ligas. Este concejo del suroccidente asturiano, declarado Parque Natural y Reserva de la Biosfera, es uno de esos destinos que entran por los ojos, pero se quedan por todo lo demás: la calma de sus pueblos, la fuerza de sus brañas, la presencia constante de la montaña y esa sensación de estar en un territorio que todavía conserva su ritmo. Todo en Somiedo parece tener escala humana, incluso cuando el paisaje se vuelve inmenso.

Para un viajero cinéfilo, además, tiene un aliciente extra. No hablamos de un lugar con una gran industria alrededor, sino de un escenario natural con tanta personalidad que distintas producciones han acabado fijándose en él. A lo largo de los años, Somiedo ha acogido rodajes y campañas muy diversas, desde películas y cortometrajes hasta spots publicitarios y grandes producciones internacionales. Más que una anécdota, esa relación con el audiovisual confirma algo que se entiende enseguida al llegar: aquí hay paisaje, atmósfera y verdad. No hace falta decorarlo demasiado.

Un paisaje que lo explica casi todo

Somiedo es un territorio amplio y diverso, articulado en varios valles que resumen muy bien su esencia. Esa variedad es una de sus grandes bazas. En un mismo viaje pueden convivir pueblos de montaña muy cuidados, lagos de origen glaciar, miradores abiertos a una naturaleza casi intacta, rutas sencillas y otras con algo más de exigencia, además de un patrimonio etnográfico que no está puesto para la foto, sino que forma parte de la identidad del concejo.

La entrada natural a ese universo suele ser La Pola Somiedo, capital del concejo. Es una villa tranquila, con una imagen de pueblo de montaña muy bien conservado, ideal para empezar a tomarle el pulso al lugar. Aquí conviene detenerse sin prisas, observar el ritmo local y entender que este municipio no se visita con ansiedad de lista, sino con ganas de entrar en un paisaje que pide tiempo.

Somiedo como plató natural

Hay destinos que entran en el audiovisual por monumentales y otros por su capacidad para sugerir. Somiedo pertenece claramente al segundo grupo, aunque a veces también juegue al primero. Sus montañas, sus valles abiertos, sus carreteras sinuosas y sus pueblos con una estética muy limpia lo convierten en un escenario muy flexible. Puede ser naturaleza salvaje, refugio íntimo, territorio de memoria o fondo para una historia con tensión.

Por aquí han pasado títulos muy distintos, como La montaña rebelde, ¿Para qué sirve un oso?, La cara del diablo, Lobos, Alma, varios spots y campañas publicitarias, e incluso producciones de gran impacto reciente como Los Juegos del Hambre: Amanecer en la Cosecha. La variedad de nombres ya da una pista bastante clara: Somiedo no encaja en un solo registro visual. Puede funcionar como paisaje áspero, como espacio íntimo o como escenario de aventura.

Para quien viaja con ese filtro cinéfilo, la gracia está en descubrir que muchos de esos paisajes no necesitan casi transformación para funcionar en pantalla. La experiencia tiene algo muy atractivo: el viajero llega esperando una localización bonita y se encuentra un territorio con personalidad real. En Somiedo, la cámara no inventa tanto; más bien revela.

Los imprescindibles que sostienen el viaje

Si hubiera que elegir una imagen icónica de esta localidad, seguramente aparecería pronto Valle del Lago. Este pueblo es, además, la puerta de entrada al Lago del Valle, uno de esos lugares que justifican el viaje casi por sí solos. La ruta hasta él permite entender muy bien cómo funciona el territorio: naturaleza, calma, amplitud visual y una sensación de autenticidad que acompaña durante todo el recorrido.

Otro de los grandes emblemas del concejo son los Lagos de Saliencia. Su origen glaciar, el entorno en el que se encuentran y la belleza de la ruta que los conecta hacen que sean una de las imágenes más potentes del paisaje somedano. Aquí el viaje gana en escala. El horizonte se abre, la montaña se impone y el visitante entiende enseguida por qué este rincón de Asturias tiene tanta fuerza visual.

También merece mucho la pena adentrarse en las brañas, porque ahí está una de las claves culturales del concejo. La Braña de Sousas, la Braña de Mumián y, sobre todo, La Pornacal ayudan a comprender la arquitectura tradicional de montaña y la forma de vida ligada a la ganadería. La Pornacal, junto a Villar de Vildas, es uno de esos lugares que dejan huella porque combinan valor etnográfico, belleza y singularidad. Somiedo no solo se visita: también se interpreta.

A eso se suman pueblos con muchísima personalidad, como Santa María del Puerto o Villar de Vildas, donde el paisaje y la tradición mantienen un equilibrio muy poco impostado. Son lugares que resumen muy bien lo que el viajero busca aquí: montaña, sí, pero también una relación real entre comunidad, territorio y memoria.

Miradores, calma y una sorpresa inesperada

Somiedo también se disfruta parando. Sus miradores permiten leer el paisaje con calma y entender mejor la escala del concejo. Son una excelente manera de romper el viaje entre rutas y pueblos, y de regalarse ese momento de contemplación que aquí tiene mucho sentido. Aquí mirar también forma parte del plan.

Y en mitad de tanta naturaleza aparece una sorpresa interesante: la central hidroeléctrica de La Malva. Su presencia añade una capa distinta al viaje y demuestra que el relato del concejo no se limita a montañas, lagos y brañas. También hay espacio para una mirada al patrimonio industrial, a esa otra huella humana que convive con el paisaje y amplía la lectura del territorio.

El detalle que siempre suma: comer bien en Somiedo

Y sí, también hay que hablar de comida, porque en un destino así apetece sentarse bien a la mesa. La gastronomía local está muy ligada al producto, al recetario de montaña y a una cocina contundente que encaja perfectamente con el entorno. Aquí saben especialmente bien los platos de cuchara, las carnes y las elaboraciones tradicionales que remiten a una cocina sin artificios, de esas que reconfortan.

Entre los sabores más reconocibles aparecen el pote, la caldereta de cordero, el cabrito, los embutidos y otros platos ligados a la tradición local. No hace falta convertir la visita en una ruta gastronómica para disfrutarlo, pues basta con entender que en Somiedo la mesa también forma parte del viaje. Después de una jornada de carretera, miradores o senderos, comer bien aquí no es un complemento, sino parte de la experiencia.

 

Nuestros tips

  • Empieza por La Pola Somiedo y tómate un rato para entrar en el ritmo del lugar antes de lanzarte a las rutas.
  • No intentes verlo todo en un día. Somiedo se disfruta más cuando alternas carretera, paseo, pueblo y buena comida.
  • Reserva tiempo para una braña. La Pornacal, Mumián o Sousas cuentan mucho del concejo sin necesidad de grandes explicaciones.
  • Haz al menos una ruta sencilla. Aquí el paisaje gana cuando se camina.
  • Para en algún mirador sin prisa. En Somiedo la contemplación también forma parte del viaje.
  • Viaja con ojo cinéfilo, pero sin obsesionarte con localizar cada escena: el lugar funciona incluso sin referencias previas.