Por Miryam Tejada
Hay lugares que parecen diseñados para el cine incluso antes de que llegue una cámara. Peñíscola es uno de ellos. Su casco antiguo se eleva sobre una roca rodeada por el Mediterráneo, protegido por murallas y coronado por el Castillo de Peñíscola. Desde la distancia, su silueta es inconfundible; al cruzar sus puertas, el escenario cambia a cada pocos metros: callejuelas blancas, fortificaciones, plazas, vistas al mar y rincones capaces de trasladarnos de la Edad Media a una comedia costumbrista casi sin cambiar de calle.
No sorprende que cineastas y productoras lleven más de un siglo fijándose en esta localidad castellonense. Su relación con la pantalla comenzó en 1913, con la película muda Ana Kadova, y desde entonces ha acogido largometrajes, series y grandes producciones internacionales. Aquí han trabajado directores como Luis García Berlanga y Anthony Mann, estrellas como Charlton Heston y Sophia Loren, y los equipos de ficciones tan populares como Juego de Tronos, El chiringuito de Pepe, El Ministerio del Tiempo o la reciente Berlín y la dama del armiño.
Peñíscola no es únicamente una localidad que ha aparecido en pantalla. Es un destino que permite recorrer físicamente sus rodajes, reconocer localizaciones y descubrir, al mismo tiempo, uno de los conjuntos históricos y paisajísticos más singulares del Mediterráneo.
Antes de Poniente ya fue Calabuch
Uno de los títulos que mejor explica la relación de Peñíscola con el cine es Calabuch, dirigida por Luis García Berlanga en 1956. La película convirtió la localidad en un pequeño pueblo mediterráneo de ficción al que llega un prestigioso científico decidido a alejarse de la carrera armamentística.
En la pantalla aparecen la playa, el puerto, el faro, la Plaza de Armas y distintos puntos del casco antiguo. Pero Berlanga no utilizó Peñíscola como un simple fondo bonito. La vida marinera, los vecinos, las calles estrechas y el ritmo cotidiano del municipio se integraron en la historia hasta convertir el lugar en un personaje más.
Quien vea hoy Calabuch encontrará una Peñíscola muy distinta a la actual, pero todavía reconocible. El Museo de la Mar, el faro, la Playa Sur, el puerto y la Plaza de Armas forman parte de las localizaciones vinculadas a la película, por lo que recorrerlas permite comparar la ciudad real con aquella villa cinematográfica de los años cincuenta.
Berlanga regresó décadas después para rodar París-Tombuctú, estrenada en 1999. En esta ocasión volvió a apoyarse en la imagen mediterránea de Peñíscola, utilizando espacios como la Playa Sur, el faro y la Plaza de Armas. Dos películas separadas por más de cuarenta años permiten observar no solo la evolución del cineasta, sino también la transformación del propio municipio.
El Cid y la película que llevó Peñíscola al mundo
En 1961, Peñíscola acogió uno de los rodajes más importantes de su historia: El Cid, la superproducción dirigida por Anthony Mann y protagonizada por Charlton Heston y Sophia Loren.
Las murallas, la Playa Norte, la Bajada de Felipe II y el Portal Fosc sirvieron para recrear distintos espacios medievales. La imagen de Charlton Heston avanzando a caballo con la fortaleza al fondo convirtió el perfil de Peñíscola en parte de una película de difusión internacional y consolidó la localidad como escenario para grandes producciones históricas.
La elección tenía todo el sentido. La ciudad antigua conserva puertas, rampas, murallas y baluartes capaces de mantener la ilusión histórica incluso sin grandes decorados. El Portal Fosc, durante siglos el único acceso terrestre a la fortaleza, o la Bajada de Felipe II, enmarcada por la muralla renacentista, permiten entender por qué el equipo encontró aquí una localización tan convincente.
La experiencia se completa visitando el Castillo de Peñíscola, construido por los templarios sobre los restos de una antigua construcción árabe y convertido posteriormente en residencia pontificia de Benedicto XIII, el Papa Luna, y de su sucesor, Clemente VIII. Desde sus terrazas se domina la costa y se comprende mejor la fuerza visual que ha atraído a generaciones de cineastas.
Peñíscola se transforma en Meereen
Décadas después de El Cid, otra gran producción internacional volvió a poner Peñíscola ante millones de espectadores. En 2015, el equipo de Juego de Tronos llegó al municipio para rodar escenas de la sexta temporada.
Distintos rincones del casco antiguo se transformaron en la ciudad de Meereen, gobernada por Daenerys Targaryen. La Plaza de Santa María, el Paseo de Ronda, la Bajada de Felipe II, el Parque de Artillería y el Portal Fosc aparecen en secuencias protagonizadas por personajes como Tyrion Lannister, Varys y Missandei.
La transformación funciona especialmente bien porque el rodaje no dependió de una única localización. El equipo aprovechó puertas monumentales, muros de piedra, plazas y pasadizos para construir diferentes rincones de una misma ciudad ficticia. En algunos planos, los elementos reales se mezclaron con decorados y efectos digitales; en otros, la propia arquitectura de Peñíscola fue suficiente para trasladar al espectador al universo de la serie.
Uno de los lugares imprescindibles es la Plaza de Santa María, donde hoy resulta fácil imaginar el movimiento de soldados, comerciantes y habitantes de Meereen. El espacio también apareció en El chiringuito de Pepe, demostrando cómo una misma plaza puede pasar de una ciudad fantástica a una comedia televisiva ambientada junto al Mediterráneo.
El último gran rodaje: Berlín y la dama del armiño
Peñíscola ha vuelto a demostrar recientemente su tirón audiovisual con Berlín y la Dama del Armiño, la segunda entrega de la serie protagonizada por Pedro Alonso y perteneciente al universo de La casa de papel. La producción se rodó en distintas localizaciones españolas, entre ellas Peñíscola, y se estrenó globalmente en Netflix en mayo de 2026.
Aunque buena parte de la historia se desarrolla en Sevilla, la localidad castellonense adquiere protagonismo en el desenlace: una noche de fiesta en Peñíscola provoca un cambio radical en los planes de Berlín. Esta vez el municipio no se transforma en una ciudad medieval ni en un reino imaginario, sino que aparece con su propia identidad mediterránea, sus calles blancas y el ambiente nocturno del casco antiguo.
La serie reunió 28 millones de visualizaciones durante el primer semestre de 2026, según los datos publicados por Netflix, y volvió a proyectar la imagen de Peñíscola ante una audiencia internacional.
Del Chiringuito de Pepe al Ministerio del Tiempo
Entre 2014 y 2016, Peñíscola se convirtió en el escenario principal de El chiringuito de Pepe, la serie protagonizada por Santi Millán y Jesús Bonilla. En la ficción, un reconocido chef llegaba a la costa para intentar salvar un modesto chiringuito familiar.
La serie aprovechó buena parte del municipio: la Playa Norte, la Playa Sur, el puerto, la Plaza de Santa María, la Bajada de Felipe II, el Parque de Artillería, el Museo de la Mar, el faro y la Plaza de Armas. La imagen luminosa y marinera de Peñíscola no era solo un decorado, sino una parte fundamental del tono de la historia.
El entorno natural también ha tenido su protagonismo. El Parque Natural de la Sierra de Irta aparece vinculado a producciones como Tramontana, El Barco y El Ministerio del Tiempo. Sus acantilados, caminos y calas ofrecen un contraste evidente con el casco amurallado y amplían mucho las posibilidades audiovisuales del destino.
A estos títulos se suman películas como Fin, Tierra, Mataharis, Pizza Eli, El hijo del cura, El cura ya tiene hijo o Todos eran culpables. La filmografía local permite recorrer más de cien años de cine español, desde una cinta muda de 1913 hasta algunas de las series más populares de los últimos años.
Una ruta para recorrer Peñíscola de cine
Una de las grandes ventajas para el viajero es que Peñíscola ha organizado su legado audiovisual en una ruta de cine que enlaza varias de sus localizaciones más reconocibles. El itinerario permite seguir las huellas de Calabuch, El Cid, París-Tombuctú, El chiringuito de Pepe y Juego de Tronos mientras se recorren el casco antiguo y su entorno más próximo.
La ruta pasa por las playas Norte y Sur, el puerto, el Museo de la Mar, el faro, la Plaza de Armas, la Plaza de Santa María, el Paseo de Ronda, la Bajada de Felipe II, el Parque de Artillería y el Portal Fosc. No hace falta ser un experto en cine para disfrutarla: los escenarios coinciden con buena parte de los lugares imprescindibles de la ciudad.
El recorrido permite, además, fijarse en cómo el audiovisual modifica nuestra forma de mirar. Una rampa deja de ser únicamente una entrada histórica cuando sabemos que por ella cabalgó el Cid o caminaron personajes de Juego de Tronos. Una playa cambia cuando recordamos una escena de Berlanga. Y una plaza aparentemente tranquila puede esconder varias ficciones completamente diferentes.
El castillo y la ciudad del Papa Luna
Aunque el cine tenga mucho peso, la visita a Peñíscola se sostiene por sí sola gracias a su patrimonio. El gran protagonista es el Castillo de Peñíscola, levantado por los templarios y utilizado posteriormente como residencia por Benedicto XIII. La presencia del pontífice convirtió la fortaleza y la ciudad en una de las sedes papales de la historia, junto a Roma y Aviñón.
Muy cerca se encuentran la Iglesia de la Virgen de la Ermitana, la Plaza de Armas y el Parque de Artillería. Este último conecta las murallas medievales con las fortificaciones renacentistas y conserva espacios como el polvorín y un acceso estratégicamente escondido que conducía hacia el embarcadero de la Porteta.
Descendiendo por las calles del casco antiguo aparecen otros lugares con mucha personalidad. El Portal de Sant Pere, construido en 1411 por orden de Benedicto XIII, abrió un nuevo acceso marítimo a la ciudad cuando el agua todavía llegaba hasta las murallas. El Bufador, por su parte, es un túnel natural abierto en la roca que comunica directamente con el mar y deja escapar el sonido y la fuerza de las olas.
También merece una parada la Casa de las Conchas, cuya fachada comenzó a decorarse en la década de 1950 hasta quedar completamente cubierta, o el faro de 1892, situado en uno de los puntos con mejores vistas del conjunto histórico.
Para comprender la relación de Peñíscola con el Mediterráneo, el Museo de la Mar reúne piezas y contenidos relacionados con la pesca, la navegación y el patrimonio marinero local. El edificio, situado en el antiguo Baluarte del Príncipe, tuvo diferentes usos antes de ser rehabilitado como museo en 1996.
Playas, calas y la Sierra de Irta
El perfil más conocido de Peñíscola es el de la fortaleza elevándose junto a la Playa Norte, un extenso arenal desde el que se obtiene la panorámica clásica del municipio. Al otro lado del peñón, la Playa Sur tiene un carácter más recogido y se encuentra junto al puerto pesquero.
El paisaje cambia por completo al adentrarse en el Parque Natural de la Sierra de Irta, un espacio de montañas, acantilados, senderos y calas que permite descubrir la cara más natural del litoral.
Uno de sus puntos más singulares es la Torre Badum, una antigua torre de vigilancia que no cuenta con puerta a nivel del suelo. Su acceso se encuentra a varios metros de altura, una solución pensada para dificultar la entrada de atacantes y piratas.
Veinte años celebrando el cine
La relación de Peñíscola con el séptimo arte también se vivió fuera de los rodajes. En 1988 nació el Festival Internacional de Cine de Comedia de Peñíscola, que se celebró durante veinte ediciones y convirtió temporalmente la localidad en punto de encuentro para intérpretes, directores, medios y aficionados.
Sus galardones recibieron el nombre de Premios Calabuch, en homenaje a la película de Berlanga. Por el certamen pasaron numerosos rostros conocidos del cine nacional e internacional, reforzando una relación con la pantalla que en Peñíscola va mucho más allá de prestar sus calles como decorado.
Especialmente simbólico fue el regreso de Berlanga a la localidad décadas después del rodaje de Calabuch. Aquel reencuentro cerraba, de alguna manera, el círculo entre la Peñíscola real, el pueblo imaginado por el director y una comunidad que había incorporado el cine a su propia identidad.
Gastronomía con sabor marinero
Después de recorrer murallas, rodajes y playas, toca sentarse a la mesa. La cocina local está muy ligada al puerto pesquero, a la lonja y a los productos del Mediterráneo. Arroces, pescados y mariscos forman la base de buena parte de la gastronomía de Peñíscola, acompañados por productos procedentes de las tierras del entorno.
La propuesta turística local conecta también gastronomía y audiovisual a través del concepto Plato de Cine, una forma de completar la visita a los escenarios de rodaje con una experiencia culinaria basada en el producto local. Y tiene todo el sentido en un lugar donde el puerto, el mar y la vida marinera han tenido tanta presencia dentro y fuera de la pantalla.
Nuestros tips
- Empieza por el Castillo de Peñíscola: a primera hora para recorrerlo con más tranquilidad y disfrutar de las vistas.
- Utiliza la ruta de cine como hilo conductor: conecta los principales rodajes con buena parte del patrimonio histórico.
- Vuelve a ver Calabuch antes del viaje. Reconocer sus localizaciones mientras paseas hace que la visita resulte mucho más especial.
- Busca los escenarios de Meereen en la Plaza de Santa María, el Paseo de Ronda, la Bajada de Felipe II y el Parque de Artillería.
- Fíjate en Peñíscola durante el desenlace de Berlín y la dama del armiño: la localidad provoca uno de los giros decisivos de la historia.
- Acércate al Bufador cuando el mar esté movido, pero respeta siempre las indicaciones y mantén una distancia prudente.
- Combina las playas urbanas con la Sierra de Irta para conocer las dos caras del litoral.
- Lleva calzado cómodo: el casco antiguo tiene pendientes, escaleras y pavimento irregular.
- Reserva una comida marinera y pregunta por los pescados, mariscos y arroces elaborados con producto local.
- Quédate hasta el atardecer: la vista del casco amurallado desde la Playa Norte es uno de esos planos que no necesitan efectos especiales.
