Ver películas o series en familia es uno de esos pequeños rituales que no necesitan instrucciones, basta con un sofá, unas palomitas y ganas de dejarse llevar. Hay algo casi mágico en esa escena: todos juntos frente a la pantalla, riéndose de lo mismo, emocionándose en los mismos momentos y comentando en voz alta como si los protagonistas pudieran escucharnos. Es uno de esos raros instantes en los que padres, hijos, abuelos e incluso adolescentes con cara de “me da igual” comparten algo de verdad.
Pero a veces, cuando la cinta se acaba y las luces vuelven a encenderse, surge una chispa todavía más emocionante: ¿y si fuéramos allí?. Porque los lugares que hemos visto una y otra vez en la pequeña o gran pantalla no son sólo decorados de ficción, existen, respiran, y están más cerca de lo que pensamos.
Viajar en familia a esos escenarios es prolongar el filme, pero ahora con vosotros como protagonistas. ¿A quién no le tienta la idea de recorrer las calles donde pasearon los personajes, sentaros en los mismos bancos, hacer las mismas fotos y descubrir que esos rincones tienen todavía más encanto en persona?. Y además, ya que estáis, podéis descubrir todo lo demás: su gastronomía, sus secretos y sus paisajes, esos que a veces no salen en ninguna escena, pero se quedan en el recuerdo para siempre.
En este artículo te proponemos un plan de película, que seguro no podrás rechazar. Primero disfrutar juntos frente a la pantalla, y después preparar las maletas para recorrer esos destinos reales donde se rodaron algunas de las series y cintas familiares más queridas. O lo que es lo mismo, un objetivo para seguir compartiendo aventuras, ¿te apuntas?
Verano Azul. Nerja, Málaga
Si en tu infancia no gritaste ¡Chanquete ha muerto! o no intentaste silbar la famosa melodía de la sintonía mientras andabas en bici, es posible que te hayas perdido uno de los fenómenos televisivos más entrañables y duraderos de nuestra televisión. Verano Azul, emitida por primera vez en TVE en 1981 marcó a varias generaciones y sigue siendo un referente cuando se habla de verano en familia, de aventuras, de amistad y, por qué no, de lágrimas en horario infantil.
La serie cuenta las vacaciones de un grupo de niños y adolescentes (Javi, Pancho, Bea, Desi, Tito y Piraña) en un pequeño pueblo costero del sur de España, acompañados por Julia, una pintora que busca reinventarse, y el inolvidable Chanquete, un marinero retirado que vive en su barco varado, llamado La Dorada. Cada capítulo aborda temas universales con una delicadeza que todavía hoy emociona: la amistad, el amor, los celos, la muerte, el paso a la adolescencia…
Aunque en la serie el municipio nunca tuvo nombre, todos sabemos que era Nerja, en Málaga. Allí sigue varado, en el Parque Verano Azul, el mítico barco de Chanquete, convertido en un icono turístico donde todo el mundo quiere hacerse una foto. La famosa escena de su muerte paralizó el país en su emisión original, reuniendo a más de 17 millones de espectadores frente al televisor y dejando una de las frases más icónicas de nuestra televisión: “¡Chanquete ha muerto!”.
Nerja. Fuente: Canva
El rodaje, que duró entre agosto de 1979 y diciembre de 1980, no fue sencillo. Según las anécdotas recogidas por el equipo, el calor y las interminables jornadas hacían que los actores se agotaran, y la actriz que interpretaba a Julia, María Garralón, confesó que a veces lloraba de verdad durante las tomas porque las emociones y el cansancio la sobrepasaba. La grabación fue toda una revolución para Nerja, que hasta entonces era una tranquila villa pesquera. La llegada del elenco llenó las calles de cámaras, focos y curiosos. Los niños del pueblo intentaban colarse en las secuencias y algunos incluso acabaron como extras improvisados.
Los actores principales también vivieron su particular verano azul. Tito y Piraña, los más pequeños del reparto, se convirtieron en inseparables, mientras que Javi y Pancho competían dentro y fuera de la pantalla por llamar la atención de Bea y Desi. Durante las grabaciones, los niños aprendieron a nadar, pescar y hasta a pilotar pequeñas barcas gracias a los pescadores locales. Otro detalle a destacar, La Dorada no era un barco real sino un decorado sobre tierra firme.
Hoy, Nerja conserva esa magia intacta y se ha convertido en destino obligado para los fans de la serie. Pero no sólo por nostalgia, es que el lugar lo merece. Puedes empezar tu ruta en la playa de Burriana, escenario de muchas de las travesuras del grupo: arena fina, chiringuitos con espetos de sardinas y la posibilidad de alquilar un kayak para remar hasta las cuevas marinas y acantilados cercanos, una experiencia que combina deporte, paisaje y diversión.
El Balcón de Europa, un impresionante mirador sobre el Mediterráneo, es perfecto para fotos familiares y para ver cómo se funden cielo y mar. Desde allí, la recomendación es perderse por su casco antiguo de calles estrechas y encaladas, lleno de plazas con ambiente, tiendas de artesanía y bares con tapas locales.
Por supuesto, las Cuevas de Nerja son otra parada imprescindible. Este alucinante complejo subterráneo ofrece salas enormes con estalactitas y estalagmitas. Según cuentan, el equipo de Verano Azul las visitó varias veces para rodar algunas escenas, pero finalmente no se incluyeron en el montaje final.
Si te apetece algo menos conocido, acércate a la playa de Maro, una de las más bonitas y tranquilas, rodeada de acantilados y vegetación. Ideal para quienes buscan algo más salvaje y menos concurrido que Burriana. Y si te animas a caminar, el Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama ofrece rutas de senderismo con unas vistas espectaculares de la costa y las montañas.
En definitiva, viajar a Nerja en familia es como revivir tu propio Verano Azul. Un verano eterno, con la brisa del mar, las carcajadas de los niños y ese espíritu de aventura que todavía flota en el aire y que nunca muere, aunque Chanquete sí lo hiciera.
Doctor Mateo. Lastres, Asturias
Doctor Mateo nos demostró que un pueblo pequeño puede convertirse en el centro del universo cuando se llena de historias, vecinos entrañables y alguna que otra excentricidad. Esta serie, emitida en Antena 3 entre 2009 y 2011, convirtió a Lastres en uno de los municipios más populares de España durante años, y a Gonzalo de Castro en el médico más huraño y querido de nuestra televisión. En simpatía estaba a la altura del doctor House.
La historia giraba en torno a Mateo, un cirujano madrileño brillante pero socialmente torpe, que se instala como médico de familia en el ficticio San Martín del Sella. Rodeado de habitantes curiosos, acantilados de postal y mucha sidra, el doctor intenta rehacer su vida mientras el pueblo entero opina sobre ella.
Lastres. Fuente: Canva
El éxito fue inmediato. La serie alcanzó hasta 4,5 millones de espectadores y un 20% de cuota de pantalla, situándose entre las más vistas de la televisión española. Lastres, hasta entonces una tranquila villa de pescadores, se convirtió en un fenómeno turístico. En 2008, antes de la serie, la oficina de turismo de Colunga, municipio al que pertenece Lastres) recibió algo más de 18.000 visitantes; en 2009, tras el estreno, la cifra subió a más de 39.000 y en 2011, al finalizar la misma, rozaba los 60.000, sin contar los muchos visitantes que nunca pasaron por la oficina.
El rodaje revolucionó la vida de la localidad. En su primera visita, el alcalde reunió a los residentes y les anunció: “un ejército de actores y técnicos está a punto de desembarcar en el municipio para grabar una serie”. Y no exageraba, ya que más de 90 personas componían el equipo. El productor ejecutivo, César Rodríguez, explicó que buscaron durante semanas un lugar en el norte con mar, encanto y autenticidad y lo encontraron en Lastres. Pero rodar allí no fue sencillo, pues las preciosas pero empinadas calles exigieron diseñar un ingenioso sistema de transporte para mover las cámaras y el material sin estropear nada ni caerse por las cuestas que tanto le caracterizan.
El equipo no olvidó nunca a los vecinos que les hicieron la vida más fácil. Como Eutimio, dueño del hotel que alojó a buena parte del elenco; Aída, que cada mañana devolvía las botas llenas de barro totalmente limpias; Agustín, que entonces trabajaba tras la barra del “Rancho Chico”, un bar de copas donde acaban la jornada; y por supuesto Quinita, la figurante infatigable que no se perdía ni una escena. Ella misma contó años después que la serie supuso un antes y un después para esta población: “dieron vida y trabajo a un lugar donde antes éramos casi 4000 y ahora en invierno no llegamos a 600. Se mantuvieron los hoteles abiertos todo el año, se abrieron cafeterías, talleres…”.
Hoy puedes recorrer la famosa Ruta del Doctor Mateo, gracias a los mapas que la Mancomunidad Comarca de la Sidra imprimió para canalizar la avalancha turística. Se llegaron a imprimir más 100.000 planos, que literalmente se los quitaban de las manos. La ruta pasa por la casa del doctor, la escuela, la radio, el puerto, el bar de Tom y las calles más reconocibles de la serie. Además, el hotel Palacio de los Vallados, que en la ficción era el ayuntamiento, alberga ahora un pequeño museo con fotografías del rodaje, recuerdos del atrezzo, la famosa señal de carretera de San Martín del Sella y otros detalles que emocionan a los fans.
Pero Lastres es mucho más que un plató. Sus calles empedradas, los balcones floridos, el mirador de San Roque con vistas infinitas al Cantábrico, y la iglesia de Santa María de Sábada completan el paseo por este pueblo que parece detenido en el tiempo. En el puerto puedes probar sardinas a la brasa y un culín de sidra, mientras observas a los marineros descargar pescado. Si quieres un dos por uno, tu lugar es el restaurante El Mirador donde comerás un arroz de lujo observando el pueblo a vista de pájaro. Y para disfrutar de todo ello con tranquilidad, lo mejor es que te hospedes en el Hotel Palacio de Luces. Un palacio cinco estrellas, rehabilitado y recién reformado del siglo XVI, inmerso en 13.000 metros cuadrados de jardines, con 44 habitaciones, restaurante gastronómico, amplios espacios para eventos, una ermita del siglo XVI, varias terrazas, gimnasio y un largo etcétera de servicios que te dejo que descubras por tí mismo. Porque aquí sí, te sentirás como una auténtica estrella de cine.
Padre no hay más que uno. Madrid y Gran Canarias
Si hay una saga que ha devuelto a las familias al cine y que cada verano llena las salas de carcajadas y palomitas, esa es sin duda Padre no hay más que uno. Santiago Segura, que ya nos había acostumbrado a las aventuras de Torrente, dio un giro radical y se puso en la piel de un padre torpe pero cercano que intenta sobrevivir a la paternidad con resultados desastrosos y, para nosotros, divertidísimos.
La fórmula es sencilla pero infalible, cuando la madre decide tomarse unas vacaciones y dejar al padre al mando de la casa y los hijos, el caos está garantizado. Desde su primera entrega, el público ha respondido con entusiasmo, y las cifras lo avalan. La primera película recaudó más de 14 millones de euros, la segunda superó los 13 millones, la tercera se fue por encima de los 11 millones, y la cuarta, estrenada en 2023, logró vender más de 160.000 entradas solo el día del estreno, convirtiéndose en el mejor estreno del año en España. Un fenómeno que confirma que reírse de la vida familiar es una necesidad nacional.
Los filmes se rodaron principalmente en Madrid y alrededores, en barrios residenciales, chalets y parques que todos podemos reconocer. Urbanizaciones de Pozuelo, Las Rozas y Torrelodones aparecen como localizaciones habituales de las aventuras, y desventuras, de la familia García Loyola. En las dos últimas, sin embargo, el equipo se trasladó también a Gran Canaria, sumando a las peripecias familiares un toque de paraíso canario con sus playas, palmeras y sol radiante.
En palabras del propio director, uno de los mayores retos fue trabajar con tantos niños a la vez. Para mantenerlos concentrados durante las jornadas de grabación tenía que inventar juegos y hasta sobornarlos con chuches entre toma y toma. La pequeña Luna Fulgencio, que interpreta a una de sus hijas, se convirtió en la estrella del reparto por su desparpajo, y los más pequeños robaban plano constantemente con su naturalidad.
Y la historia no ha terminado, pues recientemente ha comenzado la grabación de la quinta entrega de la saga, que probablemente pondrá broche final a esta aventura. El propio Segura ha confesado en varias ocasiones que no ve “más allá” de esta quinta, dejando entrever que podría ser la última. De momento, no han trascendido los lugares exactos donde se está filmando la nueva cinta.
Para quienes quieran hacer turismo cinematográfico en familia, las opciones son variadas y divertidas. En Madrid puedes seguir los pasos de esta comedia por las urbanizaciones del norte y oeste, jugando a reconocer fachadas y parques, o aprovechar para disfrutar de los imprescindibles de la ciudad: el Parque del Retiro con sus barcas y zonas verdes, el Matadero, el Mercado de San Miguel, para hacer una parada y coger fuerzas, la Gran Vía con su bullicio o el atardecer en el Templo de Debod.
En Gran Canaria, las escenas más recientes se rodaron en algunos de los rincones más icónicos de la isla: playas como las de Maspalomas y Las Canteras, paseos marítimos, hoteles con vistas y plazas llenas de vida. La isla, además de escenarios de película, ofrece excursiones por las dunas de Maspalomas, rutas por el interior montañoso, pueblos con encanto como Teror y atardeceres sobre el Atlántico imposibles de olvidar.
Además, Gran Canaria no solo ha sido escenario para esta saga, sino que ha acogido otras grandes producciones, especialmente del cine de aventuras y fantástico para todos los públicos. Títulos como Zorro, Moby Dick, Palmeras en la nieve, o Aliados (con Brad Pitt) han aprovechado sus paisajes volcánicos, dunas, bosques y acantilados para crear mundos únicos. La isla se ha consolidado como uno de los platós naturales más versátiles y demandados del cine nacional e internacional.
El mejor verano de mi vida. Tenerife, Toledo, Arganda y Aluche (Madrid capital)
Hay veranos que salen mal, veranos que salen bien y luego está El mejor verano de mi vida, la comedia que convirtió a Leo Harlem en el padre más torpe y querido de la gran pantalla. En esta historia, Curro, un comercial de electrodomésticos con más cara que recursos, le promete a su hijo unas vacaciones de lujo sin tener ni un euro ni un plan. Pero lo que empieza siendo un desastre anunciado termina en el verano más inolvidable de todos.
El rodaje comenzó el 18 de octubre de 2017 y duró siete semanas. Y sí, aunque la película transcurre bajo un sol veraniego y cielos despejados, lo cierto es que se rodó en pleno invierno. Según confesaron los actores, lo más duro no fueron las largas jornadas, sino el frío que pasaron entre toma y toma, aguantando en manga corta y con una sonrisa para que no se notara. Para disimular el vaho y dar sensación de calor, el elenco recurrió a varios trucos, como masticar hielo antes de rodar.
Dani de la Orden, el director, quiso dar libertad a sus actores para que improvisaran y aportaran matices propios. Durante los ensayos se reescribían diálogos y escenas para aprovechar el talento de los actores y las dotes cómicas de Leo Harlem, logrando así que los personajes evolucionaran orgánicamente.
Teide. Fuente Canva
La película se rodó en cuatro localizaciones distintas: Tenerife, Toledo, Arganda del Rey y el barrio de Aluche, en Madrid capital. Las Islas Canarias, y en especial Tenerife, aportaron algunos de los paisajes más luminosos de la cinta. En ella se reconocen el colegio Hispano Inglés de Santa Cruz, la famosa playa de Las Teresitas (eso sí, en un fotograma mostrado al revés) y otras zonas emblemáticas de la isla. Como tantas otras veces, las islas demostraron ser un plató perfecto gracias a su clima, sus paisajes variados y su luz.
Pero también hay mucho de península. Las escenas urbanas se filmaron entre Toledo y Madrid, y Arganda del Rey puso localizaciones residenciales a las caóticas peripecias de Curro y su hijo. En conjunto, la cinta logró dar la sensación de un viaje veraniego real, pese al frío del rodaje.
El éxito en taquilla fue rotundo. Producida por Atresmedia Cine y Álamo Producciones, y estrenada en 2018, superó el millón de espectadores, convirtiéndose en la segunda película más vista de aquel año. En su primer fin de semana recaudó 735.469 euros, y en pocos días ya sumaba más de 6 millones de euros, imponiéndose incluso a blockbusters internacionales como Misión Imposible: Fallout, Ocean’s 8, El rascacielos o Ant-Man y la Avispa. Durante semanas se mantuvo entre los ocho filmes más vistos del top, demostrando que el humor familiar tiene un hueco privilegiado en nuestras salas.
Hoy, para los viajeros cinéfilos que quieran seguir los pasos de Curro, Tenerife sigue siendo el escenario ideal: puedes visitar el colegio y pasear por Santa Cruz, relajarte en Las Teresitas —ahora en su orientación correcta—, o descubrir la belleza natural del Parque Rural de Anaga o el Teide. Por la península, un paseo por Toledo, con su casco histórico de cuento, e incluso a 15 minutos en coche tenéis uno de los mejores parques temáticos del mundo, Puy du Fou. Cuenta con 30 hectáreas que alberga poblados históricos y espectáculos que recrean diferentes momentos de la Historia de España. Un plan infalible para disfrutar en familia y sentirte como un caballero más a lomos de tu caballo. También podréis visitar las tranquilas calles de Arganda, que te llevarán de vuelta a las andadas de este padre que convirtió un desastre en el mejor verano de su vida. O directamente sumergirte y conocer un auténtico barrio obrero del sur de Madrid, Aluche. Por sus plazas y calles han “desfilado” rostros tan conocidos como el director Daniel Guzmán, el actor Alejo Sauras o el cantautor Mawan, entre muchos otros. Pero si de famoseo hablamos, tenemos que poner el foco en el restaurante Aynaelda. Ubicado en lo que antes era la pista de hielo en la se estrenó el deportista olímpico en patinaje artístico, Javier Fernández. Esta arrocería se ha convertido en lo mejor del barrio, así que no nos queda otra que visitarla. Entre sus muchas opciones, la recomendación es el arroz de carabineros, aunque hablan maravillas del de vieiras con jamón y ajetes. ¿Con cuál te quedas?
La Familia Benetón. Madrid
Si algo hemos aprendido de las comedias familiares españolas de los últimos años es que cuanto más caótica es la familia, más divertida resulta. Y si no, que se lo digan a La familia Benetón, la película dirigida por Joaquín Mazón y protagonizada por Leo Harlem, que se mete en la piel de Toni, un tipo egoísta que hereda la tutoría de cinco sobrinos a los que apenas conoce.
La película, que arrasó en taquilla tras su estreno en marzo de 2024, muestra con humor y ternura cómo Toni aprende a convivir con sus sobrinos y descubre el valor de la familia. Para recrear el entorno de esta peculiar historia se utilizaron diferentes localizaciones en Madrid, que sirvieron como escenarios de los enredos, discusiones y reconciliaciones familiares que vemos en pantalla.
Uno de los lugares más reconocibles del rodaje es el Eurocolegio Casvi, ubicado en el municipio madrileño de Boadilla del Monte, que en la película aparece como el colegio al que van los niños. Durante el rodaje, los propios alumnos del centro participaron como figurantes y pudieron compartir recreo con Leo Harlem y El Langui, que también aparece en la película. Según contó el director, el buen humor del reparto hizo que el ambiente en el set fuera tan caótico y cercano como la familia de ficción.
Las casas y calles que aparecen en la película corresponden a barrios residenciales de la Comunidad de Madrid, con sus parques, chalets y plazas donde los protagonistas intentan sobrevivir a su convivencia forzosa. Las escenas en el colegio se grabaron entre clases reales, lo que dio lugar a situaciones divertidas: los niños figurantes se escapaban para ver cómo se maquillaban los actores, y a veces se escuchaban risas donde debía haber silencio.
Para los viajeros cinematográficos, recorrer Madrid en clave Benetón es una oportunidad para redescubrir la ciudad con ojos nuevos. Puedes empezar por el propio Boadilla del Monte, donde se encuentra el colegio. Se trata de un un pueblo tranquilo, con dos visitas imprescindibles para hacer: el Palacio del Infante Don Luis y el convento de la Encarnación, ambos declarados Conjunto Histórico-Artístico en 1974.
De vuelta en la capital, los parques de Madrid son perfectos para recrear las escenas de juegos y discusiones familiares: el Retiro, con su estanque y barcas, o el Madrid Río, con columpios, fuentes y vistas al río Manzanares. El Matadero ofrece actividades culturales para todas las edades, y el Parque Europa, en Torrejón, es una divertida excursión para ver réplicas de monumentos europeos sin salir de la región.
Para terminar el día, nada mejor que una chocolatada con churros en San Ginés o un paseo al atardecer por el Templo de Debod, donde la luz dorada hace que incluso las familias más caóticas parezcan de postal.
Serie Andor. Valencia y Xátiva
En una galaxia no tan lejana ni tan remota, porque basta con un corto viaje para plantarse allí. La segunda temporada de Andor, el spin‑off más aclamado de Star Wars, aterrizó en marzo y abril de 2023 en dos escenarios sorprendentes: la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y el majestuoso Castell de Xàtiva. La serie, que evitó el abuso de las imágenes generadas por ordenador, buscó lugares reales con personalidad y texturas para recrear tanto el Senado Galáctico como un mercado clandestino repleto de personajes excéntricos. La elección fue impecable, ya que la arquitectura futurista de Calatrava en Valencia y la fortaleza medieval de Xàtiva ofrecían exactamente lo que buscaba el equipo creativo.
Valencia. Fuente: Canva
En la serie, la Ciudad de las Artes y las Ciencias es mucho más que un fondo espectacular, se convierte en el mismísimo Senado Galáctico. El Museu de les Ciències Príncipe Felipe, con sus líneas imposibles y su aspecto de nave espacial, fue el elegido para albergar los debates de los dignatarios de la galaxia. El propio diseñador de producción, Luke Hull, explicó que necesitaban “lenguajes de formas” únicos para representar el poder central, y allí lo encontraron. El Umbracle, un corredor ajardinado y escultural de más de 300 metros, se transformó en pasillos donde transcurría la diplomacia interplanetaria, y el Hemisfèric, conocido como el “Ojo del Conocimiento”, aparecía como un icónico núcleo central. Incluso los estanques de más de 13.000 metros cuadrados que rodean los edificios, reflejando las fachadas, evocaban lagos ceremoniales de Coruscant.
El rodaje dejó huella más allá de la pantalla; en apenas tres semanas, la producción generó más de 20 millones de euros para la economía local, llenando ocho hoteles, contratando a decenas de empresas de catering y apoyando a cientos de figurantes y técnicos. Tras Andor, la ciudad consolidó su posición como un plató codiciado y recibió nuevas producciones internacionales como Citadel y El embarcadero. Y no es para menos, ya que los fans reconocieron al instante los escenarios y llenaron las redes sociales de fotos y comparaciones con las escenas.
A menos de una hora de Valencia, el Castell de Xàtiva fue otro de los grandes protagonistas. Sus murallas y patios medievales se transformaron en un mercado negro galáctico, un hervidero de alienígenas, contrabandistas y rebeldes. Durante el rodaje, el castillo cerró al público y fue decorado con atrezzo futurista para conseguir esa mezcla irresistible de historia y ciencia ficción. El resultado fue tan convincente que apenas necesitaron efectos digitales adicionales.
El encanto del lugar está en que las piedras centenarias del castillo parecen hechas para ese aire misterioso y fronterizo. Según la web SuperFan.art, la combinación de colores, texturas y desniveles contribuyó a crear una atmósfera seductora que conecta perfectamente con el espíritu de la trama.
Más allá de la estética, Andor es una serie llena de pequeños detalles que enriquecen su narrativa. Por ejemplo, el personaje de Cassian utiliza identidades falsas, como el nombre en clave “Fulcrum”, durante sus misiones como reclutador rebelde. Otro dato curioso, la ciudad de Frennix, que aparece en la pequeña pantalla, fue construida completamente desde cero con una arquitectura envejecida que sugiere décadas de historia, aportando una sensación de realidad casi documental. Además, más de 200 extras participaron en las escenas, cada uno con un trasfondo propio y vestuarios elaborados a mano, para dar densidad y credibilidad al universo. El equipo insistió en efectos prácticos y artesanales, lo que le da una sensación única de autenticidad y riqueza visual.
Hoy, cualquier viajero cinéfilo puede recorrer estos escenarios y sentirse parte de la Rebelión. Empezar por la Ciudad de las Artes y las Ciencias es imprescindible. Pasear por el Hemisfèric, el Museu de les Ciències y la pasarela del Umbracle permite imaginarse dentro del Senado, caminando entre embajadores de planetas lejanos. Desde sus terrazas, a 17 metros de altura, las vistas a los estanques y a los edificios curvos recuerdan las escenas más memorables de la serie. Además, FilmValència organiza visitas guiadas para explicar en detalle cómo estos espacios se adaptaron para el rodaje.
Después, el camino continúa hasta el Castell de Xàtiva, donde recorrer las murallas y los patios es revivir el mercado rebelde. La subida hasta la cima regala panorámicas del valle de la Costera, perfectas para sentir que uno atraviesa la galaxia. Es fácil imaginar las criaturas pintorescas y los comerciantes galácticos desplegándose por las escaleras y las torres.
Por último, el viaje merece detenerse en la propia ciudad de Valencia: la Lonja de la Seda, declarada Patrimonio de la Humanidad, el Barrio del Carmen y una auténtica paella junto a la Albufera completan una experiencia de película. Con este recorrido y todas las curiosidades detrás del rodaje, Valencia y Xàtiva demuestran que no hace falta viajar a otra galaxia para sentir la magia de Star Wars. Basta con dejarse llevar por su luz, sus formas y su narrativa para entender por qué Lucasfilm las eligió como escenarios para la rebelión más famosa de la historia del cine.
