Monachil, el secreto natural a los pies de Sierra Nevada
Monachil

Por Miryam Tejada

Monachil, a solo ocho kilómetros de Granada y a los pies de Sierra Nevada, reúne naturaleza, turismo activo, patrimonio y algunos de los paisajes más espectaculares de la provincia. Desde Los Cahorros hasta Pradollano, su término municipal combina alta montaña, rutas y enclaves de gran fuerza visual que, además de atraer a excursionistas y amantes de la nieve, también han llamado la atención de distintas producciones audiovisuales.

Su término municipal forma parte del Parque Natural de Sierra Nevada, en la vertiente noroeste, y concentra un notable contraste de paisajes. El casco urbano se asienta a 810 metros de altitud, en la ribera izquierda del río del mismo nombre, mientras que las cotas más elevadas alcanzan los 3.000 metros. Ese desnivel explica buena parte de su atractivo: en muy poco espacio conviven la alta montaña, la media montaña y las zonas más bajas, ligadas a la vega y a distintos cultivos.

Esa diversidad es, precisamente, una de sus grandes bazas para el viajero. Aquí es posible pasar de un paseo por un casco histórico con siglos de historia a una ruta entre desfiladeros, puentes colgantes y paredes de roca; o de una jornada ligada a la nieve a una excursión botánica en un entorno de enorme valor ecológico. Y, además, hacerlo en un municipio que ha sabido conservar su identidad de pueblo serrano, muy cerca de Granada pero con personalidad propia.

Un plató natural

Para quien sigue las huellas del audiovisual, Monachil suma un atractivo añadido. No se trata solo de que sus paisajes sean espectaculares, sino de que ya han demostrado su capacidad para convertirse en escenario de historias muy distintas. Sierra Nevada, dentro de su término, fue uno de los enclaves elegidos para el rodaje de La sociedad de la nieve, la película dirigida por Juan Antonio Bayona que recrea la tragedia de los Andes de 1972. El rodaje comenzó a principios de 2022 y supuso un despliegue técnico de gran envergadura, con réplicas del avión accidentado, varios sets y un equipo de 350 personas durante más de tres meses. Uno de esos sets se instaló en la Laguna de las Yeguas, a 3.000 metros de altitud.

No cuesta entender por qué este entorno fue una elección adecuada para una producción de ese calibre. La dureza del paisaje, la amplitud visual, la nieve y la sensación de aislamiento encajaban con una historia de supervivencia extrema. Para el espectador que después decide viajar, la experiencia tiene un valor especial, ya que no solo visita un decorado artificial, sino un espacio real que fue capaz de sostener una de las grandes producciones recientes del cine en español.

A esa conexión se suma también The Walking Dead: Daryl Dixon. La producción utilizó la carretera del Purche, en esta zona de montaña, para secuencias de acción dentro de su trama andaluza. El valor de estos paisajes está, precisamente, en su versatilidad transmitiendo aventura, tensión, aislamiento o espectacularidad natural según lo que pida la narración.

La lista de títulos vinculados a este entorno incluye además Un día perfecto, de Fernando León de Aranoa, y El Refugio, dirigida por Macarena Astorga y rodada íntegramente en Sierra Nevada. Son producciones muy distintas entre sí, pero todas coinciden en algo: encuentran aquí un escenario con identidad y capacidad para adaptarse a registros muy diferentes.

Naturaleza y turismo activo

Sin embargo, reducir Monachil a su relación con el cine sería quedarse corto. Uno de los grandes argumentos para visitarlo está en su riqueza natural. El cauce del río atesora uno de los enclaves más conocidos de la zona: el desfiladero de Los Cahorros, situado a solo dos kilómetros del pueblo. Es uno de los lugares más frecuentados por excursionistas en la provincia y no es difícil entender por qué. El recorrido reúne tajos escarpados, túneles de piedra, un salto de agua y un puente colgante de más de 55 metros de largo que se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles del entorno.

Los Cahorros condensan muy bien lo que busca buena parte del viajero actual: paisaje, actividad, fotogenia y una experiencia física del territorio. Aquí no se viene solo a mirar, sino a caminar, cruzar, avanzar entre paredes de roca y sentir el relieve de cerca. Para quienes organizan sus escapadas motivados por la pantalla, esa inmersión tiene un valor especial, pues permite entrar en un escenario físicamente, no solo con la memoria visual.

La oferta vinculada al turismo activo va mucho más allá. El municipio cuenta con las instalaciones de esquí de Pradollano, uno de los grandes accesos a Sierra Nevada. Se trata de la estación de esquí más meridional de Europa y la que más horas de sol recibe al año. A ello se suman propuestas como esquí alpino, esquí de fondo, snowboard, rutas a pie, en bicicleta o a caballo, escalada y parapente. Es, por tanto, un lugar especialmente atractivo para quienes prefieren una escapada dinámica, en la que el paisaje se recorra y no solo se contempla.

También hay planes para quienes buscan una experiencia más pausada. Una buena parte de la flora autóctona de Sierra Nevada puede conocerse en el Jardín botánico de La Cortijuela, donde se reúnen más de un centenar de especies vegetales representativas de este espacio protegido. El acceso se realiza por un sendero peatonal de dos kilómetros que parte de la Fuente del Hervidero y atraviesa parajes muy pintorescos, entre ellos el Puente de los Siete Ojos. Es una ruta que permite bajar el ritmo y mirar con más atención un entorno que, además de vistoso, tiene un gran valor ecológico.

Historia y patrimonio de montaña

El interés del municipio no se agota en la naturaleza. La historia también tiene un peso importante en la visita. Los restos arqueológicos localizados en su término se remontan a la Prehistoria, y aquí se asentó la colonia argárica más occidental de Andalucía. Uno de los lugares clave para entender ese pasado es el Cerro de la Encina, un enclave estratégico que fue una importante vía de comercio y comunicación y que sitúa los orígenes del poblamiento en torno al 1300 a. C.

El origen del núcleo actual se sitúa en época árabe. Tras la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos y la posterior expulsión de los moriscos, la zona quedó temporalmente deshabitada hasta que Felipe II ordenó su repoblación en 1572. Esa superposición de etapas históricas ayuda a entender la riqueza patrimonial del municipio y refuerza la sensación de estar ante un lugar que ofrece varias lecturas al viajero: la natural, la histórica y la audiovisual.

En el casco antiguo, uno de los edificios más destacados es la Iglesia Parroquial de la Encarnación, construida en el siglo XVI sobre una antigua mezquita. De estilo mudéjar y renacentista, destaca por su retablo mayor, considerado uno de los más importantes del Renacimiento granadino. Es una parada imprescindible para quien quiera completar la escapada con una mirada al patrimonio artístico e histórico de la localidad.

A ese recorrido se suman otros puntos de interés, como el Convento-Seminario Nuestra Señora del Buen Consejo de los Padres Agustinos Recoletos, que originalmente fue una fábrica de telas, o la Casa del Molino, una casa señorial con patio antiguo y galería cubierta con alfarjes de madera. También merece una visita el Puente de los Siete Ojos, de origen árabe, que cruza el río y enlazaba antiguos caminos rurales. Son elementos que aportan profundidad a la visita y ayudan a que la escapada no quede centrada únicamente en Sierra Nevada o en las rutas de naturaleza.

Un destino con identidad propia

Ese equilibrio entre paisaje, patrimonio y pantalla explica bien por qué Monachil encaja en una propuesta  de cómo la Red de Pueblos de Película. Para el viajero amante del cine, ofrece el placer de reconocer escenarios ligados a títulos conocidos; para quien llega sin referencias audiovisuales previas, funciona igualmente como un destino completo, variado y con mucho que descubrir. No depende de una sola imagen ni de un único rodaje para justificar la visita. Tiene entidad propia.

Y ahí está, precisamente, una de sus mayores fortalezas. Viajar hasta aquí no consiste solo en comprobar “dónde se rodó” una película o una serie, sino en entender por qué este paisaje ha sido capaz de inspirar historias tan distintas, desde grandes producciones de supervivencia hasta ficciones de acción o comedias familiares. Se trata de mirar las montañas, la nieve, los senderos y los puentes con una doble perspectiva: la del espectador y la del viajero.