Por Miryam Tejada
En Canet de Mar hay dos cosas que se perciben enseguida: que el mar forma parte del paisaje cotidiano y que el Modernismo aquí no es un detalle, sino una de las grandes señas de identidad del municipio. Pasear por su riera y por las calles del núcleo histórico es encontrarse con una villa donde la arquitectura tiene muchísimo peso, con nombres como Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch muy presentes en el perfil del pueblo. A eso se suman playas, montaña y un conjunto de escenarios que también han despertado el interés del audiovisual.
Abierto al Mediterráneo y rodeado por el entorno del Parque de Montnegre i el Corredor, Canet de Mar combina bastante bien varias formas de visita. Está el pueblo que se recorre mirando fachadas, detalles y edificios singulares. Está también el destino de playa y paseo. Y está, además, ese otro Canet vinculado a rodajes y ficciones que han encontrado aquí localizaciones con mucha personalidad, desde el Castillo de Santa Florentina hasta el Santuario de la Misericòrdia, pasando por casas modernistas y rincones del casco urbano.
Un castillo de serie y una villa muy de rodaje
Si el modernismo y el mar definen la primera impresión de Canet de Mar, el audiovisual ayuda a completar el retrato. Aquí no hay una sola localización icónica, sino un conjunto de escenarios muy distintos que han funcionado especialmente bien en pantalla: el Castillo de Santa Florentina, el Santuario de la Misericòrdia, la Casa Roura, la riera y varios rincones del casco urbano. Esa diversidad explica que el municipio haya acogido rodajes de cine y televisión muy distintos entre sí.
El ejemplo más conocido es el del Castillo de Santa Florentina, convertido en escenario de la sexta temporada de Juego de Tronos. El castillo sirvió para recrear Colina Cuerno (Horn Hill), la casa de la familia Tarly, y fue allí donde se rodaron escenas vinculadas al regreso de Samwell Tarly a su hogar. La elección no fue casual. Pocas localizaciones mezclan tan bien un aire medieval rotundo, una reforma modernista con mucho carácter y un entorno lo bastante aislado como para construir una atmósfera propia. El rodaje, además, tuvo un impacto inmediato en la proyección del enclave y disparó la curiosidad por un castillo que ya de por sí era uno de los grandes atractivos patrimoniales del municipio. Hoy puede visitarse, lo que añade un aliciente evidente para quien quiera acercarse a uno de los escenarios catalanes más reconocibles de la serie.
Pero Canet no se agota en Santa Florentina. La lista de rodajes vinculados al municipio ayuda a entender hasta qué punto su patrimonio ha resultado útil para ficciones muy distintas. En 3 bodas de más, por ejemplo, el Santuario de la Misericòrdia fue escenario de una de las bodas de la película, y durante una jornada completa la zona quedó ocupada por equipo técnico, actores y material de rodaje. El propio Ayuntamiento explicó entonces que Canet y el entorno del santuario habían sido elegidos por las productoras para filmar una de las ceremonias a las que acudía la protagonista. Es un buen ejemplo de cómo el municipio funciona también para comedias contemporáneas que necesitan espacios con personalidad, no solo para relatos históricos o fantásticos.
En Tres metros sobre el cielo, la producción rodó parte del largometraje en la calle Quirze Planet y, sobre todo, en el interior de la Casa Rovira, una vivienda catalogada de Canet. Aquí el atractivo no estaba en el castillo ni en un gran monumento, sino en la capacidad del casco urbano para ofrecer interiores y exteriores con verdad visual, sin perder identidad local.
También pasó por aquí Polseres vermelles, que rodó en Canet parte de su segunda temporada. La noticia municipal lo recogía junto al paso del programa Espai Terra, confirmando que el municipio empezaba a consolidarse no solo para cine, sino también para televisión. Y con Los herederos de la tierra, la relación con el audiovisual siguió creciendo. En 2020 el Ayuntamiento anunció incluso un casting local porque Canet iba a ser una de las localizaciones de la serie. Ese detalle dice mucho del tipo de vínculo que se genera en la villa, no se trata solo de prestar un decorado, sino de implicar también al municipio en el proceso de producción.
A esta lista se suman títulos como La tabla de Flandes, El criminal, Te veo de noche, Karnabal o la reciente Casa en flames, una de las películas españolas que mayor repercusión ha alcanzado tras su llegada a las plataformas. Aunque en el filme la casa familiar se sitúa en Cadaqués, la localización real es la Casa Rovira, en Canet de Mar. También se rodaron varios exteriores en la calle Quirze Planet.
Al final, lo interesante no es solo la cantidad de títulos, sino lo que todos ellos tienen en común. Canet de Mar ofrece patrimonio, atmósfera mediterránea, arquitectura singular y una escala urbana muy manejable. Puede ser villa modernista, escenario romántico, entorno de boda, castillo medieval o casa familiar con memoria. Y eso lo convierte en un destino muy atractivo para quien viaja con el radar puesto en el cine y las series.
La gran seña de identidad: el Canet modernista
La gran carta de presentación de Canet de Mar sigue siendo su patrimonio arquitectónico. En muy pocos metros conviven arquitectura rural, gótico tardío, neogótico y, sobre todo, un Modernismo muy visible y muy bien conservado. La figura central es Lluís Domènech i Montaner, que vivió y trabajó aquí y dejó una huella decisiva en el municipio.
Su antigua casa de veraneo es hoy la Casa Museu Lluís Domènech i Montaner, uno de los espacios imprescindibles para empezar la visita. Allí no solo se explica la relación del arquitecto con Canet, sino que además se organiza la ruta modernista, una de las mejores formas de leer el pueblo. Los itinerarios permiten entender la obra de Domènech i Montaner y también la de otros arquitectos presentes en la villa, además de seguir la evolución urbanística y patrimonial del municipio. La propia Casa Museu informa de visitas, recorridos comentados y distintas actividades ligadas a ese legado.
A partir de ahí, el paseo gana muchísimo. En Canet aparecen edificios como la Casa Roura, el Ateneu o el propio Castillo de Santa Florentina, reformado y ampliado por Domènech i Montaner en 1910. También asoman otras huellas importantes, como la fábrica Carbonell Sussagna, de Puig i Cadafalch, o la fábrica Jover i Cia. Todo eso dibuja una villa donde la arquitectura no es un simple acompañamiento, sino una parte esencial de la experiencia.
Pasear Canet: riera, santuario y casco histórico
Canet de Mar funciona especialmente bien cuando se recorre sin prisa. La Riera de Sant Domènec, con sus plataneros centenarios, es casi una tarjeta de bienvenida y uno de esos espacios que ayudan a entender enseguida el tono del municipio: abierto, elegante y muy paseable. Desde ahí resulta fácil entrar en el núcleo histórico y enlazar arquitectura, comercio local y algunos de los edificios más reconocibles del pueblo.
Más allá del eje modernista, también merece la pena acercarse a la Iglesia de Sant Pere, de gótico tardío, y al Santuario de la Mare de Déu de la Misericòrdia, un edificio de estilo neogótico que suma valor patrimonial y, además, interés para quien siga la pista audiovisual del municipio. En Canet, lo mejor es que una cosa lleva a la otra: empiezas mirando arquitectura y acabas enlazando patrimonio, cine y vida cultural casi sin darte cuenta.
Mar y montaña: la otra cara del destino
Aunque el patrimonio arquitectónico marque buena parte de la visita, Canet de Mar también invita a mirar más allá del casco urbano. Las playas de Canet de Mar, el cerro de Pedracastell y en entorno del Montnegre i el Corredor permiten descubrir una dimensión más abierta y natural del municipio.
La costa aporta ese carácter mediterráneo tan presente en Canet, mientras que los caminos y las zonas elevadas ofrecen buenas vistas y un ritmo más tranquilo. Así, la visita puede combinar fácilmente una mañana entre edificios modernistas con unas horas junto al mar o un paseo por el entorno natural para cerrar el día desde otra perspectiva.
Cultura viva: museo, feria y música en el castillo
Otra cosa que le sienta bien a Canet es que su patrimonio no está quieto. La Casa Museu no es solo un lugar para visitar, sino también un punto de partida para rutas, actividades y propuestas culturales ligadas al legado de Domènech i Montaner. Eso ayuda a que el modernismo no se viva como algo estático, sino como una parte activa de la identidad del municipio.
A eso se suman eventos que redondean mucho la experiencia. La Feria Modernista de septiembre y el Festival de Música Clásica Castell de Santa Florentina, que cada agosto llena el castillo de actividad, refuerzan la personalidad del destino y le dan una dimensión más viva y menos monumental. También aparece La Vinya, vinculada a Comediants, como espacio de creación y programación cultural. No es el primer reclamo turístico, pero sí encaja muy bien en el retrato de un Canet de Mar creativo, con inquietud cultural y con una identidad que no se limita al patrimonio construido.
Gastronomía local: fresas, pescado y huerta
En la mesa, Canet de Mar tiene un perfil muy mediterráneo y muy ligado al producto de proximidad. Su gastronomía se apoya en el pescado, en las hortalizas —especialmente guisantes y patatas— y en un producto muy reconocible del municipio: la fresa. No es casualidad que entre finales de abril y finales de mayo se celebre el Día de la Fresa, una cita que refuerza el peso de este cultivo dentro de la identidad local.
A eso se suma otro plato típico de la zona, los caracoles con cebolla, que aportan una capa más casera y tradicional al recetario local. Al final, esa mezcla entre mar, huerta y cocina de proximidad acompaña muy bien la escapada. Después de una ruta modernista, una visita al castillo o unas horas de playa, la gastronomía en Canet ayuda a completar el viaje con bastante naturalidad.
Nuestros tips
- Empieza por la ruta modernista: es la mejor manera de entender de golpe la personalidad de Canet de Mar.
- No te quedes solo con Santa Florentina: el castillo es clave, pero la Casa Museu, la Casa Roura y el Ateneu completan muy bien la visita.
- Si te interesa el audiovisual, no pienses solo en Juego de Tronos: Canet tiene una trayectoria de rodajes bastante más amplia y diversa.
- Combina patrimonio y playa: aquí una cosa no excluye la otra y ese equilibrio es parte del encanto.
- Sube hacia Pedracastell si te apetece añadir una perspectiva más paisajística a la escapada.
- Mira la agenda cultural antes de ir: la Feria Modernista y el Festival del Castell pueden cambiar bastante la experiencia.
