Por Miryam Tejada
Camaleño se entiende mejor cuando lo recorres sin prisa. Situado en la comarca de Liébana, en Cantabria, su territorio se extiende por el valle del Deva y se abre a la presencia imponente de los Picos de Europa. Aquí la naturaleza no es un simple telón de fondo: marca el ritmo del viaje, las distancias e incluso el carácter de los pueblos.
Pero Camaleño no es solo paisaje. Entre sus localidades se ha ido tejiendo una relación discreta pero real con el audiovisual, con rodajes, cortometrajes y un festival que conecta cine y medio rural. Nada impostado, simplemente historias que han encontrado en este valle un lugar coherente donde contarse.
A eso se suma otra de sus grandes bazas: es un destino muy completo para quienes buscan turismo activo. Senderismo, rutas a caballo, bicicleta de montaña o parapente forman parte de la oferta habitual. Aquí el plan puede ser tranquilo o tan dinámico como uno quiera.
Lo bueno es que en Camaleño todo encaja. Lo habitual es empezar el día con aire de montaña, seguirlo entre pueblos con carácter, y terminarlo con una mesa que sabe a Liébana. Ese equilibrio es, precisamente, lo que lo hace tan apetecible.
Mogrovejo y “Heidi”: un pueblo que dejó huella
Una de las paradas que mejor representan a Camaleño es Mogrovejo. Pequeño en tamaño, de unos 50 habitantes, pero enorme en carácter, conserva casonas de piedra, arquitectura tradicional lebaniega y una silueta inconfundible gracias a su torre medieval del siglo XIII.
Aquí tuvo lugar uno de los rodajes más conocidos de la zona: Heidi, la reina de la montaña (2016). La producción transformó el pueblo para recrear los Alpes suizos y, en concreto, convirtió Mogrovejo en el Dörfli de la historia. En sus calles algunas de las escenas más recordadas de la cinta, con actores como Bill Nighy (Love Actually), en el papel del abuelo, y Mark Williams (Harry Potter) y la debutante Samantha (Sam) Allison como Heidi.
Y lo interesante es que Mogrovejo no fue un “simple fondo bonito”. Fue un escenario clave, aquí se situó la casa de Pedro, el inseparable amigo de Heidi; también se recrearon espacios como un mercado típico suizo, una oficina de correos y escenas tan icónicas como la llegada de la señorita Rottenmeier en su coche de época. Detalles que, en un pueblo así, se notan y se recuerdan.
Curiosamente, aunque la película no llegó a estrenarse, el rodaje sí dejó algo muy real, la fama. A día de hoy, no son pocos los viajeros que siguen refiriéndose a Mogrovejo como “el pueblo de Heidi”, como si el nombre se hubiera quedado a vivir entre sus fachadas de piedra.
Además, durante el rodaje el pueblo fue también base de operaciones. Los actores principales, los productores y la directora se alojaron allí mismo, en un alojamiento que entonces concentraba buena parte del movimiento: “ocuparon los nueve Suites de Mogrovejo”, recuerda Javier Vilda, que por aquel momento lo gestionaba. Comían de cátering, sí, pero de vez en cuando se escapaban a almorzar por la zona, a sitios como Casa Cayo o el Hotel del Oso. “Yo apenas podía ir a ver los rodajes en el pueblo”, cuenta, “tenía que estar pendiente en las suites para que a los actores no les faltara de nada”. Esa parte más silenciosa también forma parte de la historia.
El rodaje se extendió por el entorno, sumando localizaciones que encajan con ese paisaje abierto y verde del valle. En Pendes, por ejemplo, se levantó en los Llanos de Pendes la cabaña del abuelo, un decorado de cartón-piedra que se mantuvo allí durante un tiempo tras finalizar la grabación. Y en Cillorigo de Liébana se situaron algunos de los encuentros iniciales entre Heidi y su abuelo, completando ese mapa de escenarios que, sin buscarlo, terminó conectando varios puntos de la comarca.
Lo mejor es que no hace falta buscar la localización exacta de cada escena. Basta con pasear por sus calles, fijarse en los detalles y dejar que el entorno hable por sí solo.
RURALES, cine en el valle al caer la tarde
Y si Mogrovejo conecta con un rodaje popular, el siguiente tramo del valle muestra cómo el audiovisual también puede vivirse desde lo local. Siguiendo el curso del valle aparece Espinama, otro de los núcleos clave de Camaleño. Su ubicación convierte en un buen punto de partida para excursiones y rutas, pero también tiene interés propio como pueblo de montaña con ambiente local.
En la memoria audiovisual del valle, Espinama aparece vinculada a la película Habla, mudita (1973), la ópera prima de Manuel Gutiérrez Aragón. El entorno de Áliva figura entre las localizaciones recordadas por el propio concejo. Son referencias que añaden contexto al viaje sin convertirlo en una ruta de localizaciones estricta, simplemente suman capas a la experiencia.
Y si hay algo que hoy da vida cultural al pueblo es Rurales, Festival de Cine y Cortometraje en el Medio Rural y Natural. Se celebra cada año entre finales de agosto y principios de septiembre en el valle de Camaleño, organizado por la compañía Ruido Interno. No es un gran evento urbano trasladado al campo, sino una propuesta coherente con el territorio.
Durante el día se disfruta del entorno; al caer la tarde llegan las proyecciones y actividades. Naturaleza y cultura conviven sin artificios. Para quien visita en esas fechas, asistir a alguna sesión es una forma muy bonita de entender el vínculo entre el valle y el audiovisual.
En esa misma línea se sitúa el cortometraje Tres palabras, dirigido por Sara Fortuna y rodado en Espinama en 2023 con la colaboración de Ruido Interno. Es otro ejemplo de cómo el territorio no solo acoge historias, sino que también participa en su creación.
Fuente Dé, el imprescindible
Con el valle ya en el cuerpo, apetece el gran clásico: Fuente Dé. Es, para muchos viajeros, la imagen más reconocible de la zona. El Teleférico de Fuente Dé salva un desnivel de 753 metros y te sitúa a 1.823 metros de altitud en apenas cuatro minutos. Arriba, el Mirador del Cable ofrece un panorama que ayuda a comprender la verdadera escala de los Picos de Europa.
Es una experiencia que impresiona tanto a senderistas como a quienes simplemente buscan disfrutar de las vistas. Un consejo práctico: planifica la visita con cierta previsión y, si puedes, evita las horas punta. Es un punto muy demandado y, bien organizado, te deja el día redondo.
Desde la parte alta parten varias rutas accesibles que permiten caminar sin necesidad de grandes travesías. Con un paseo corto y tiempo para mirar alrededor, la experiencia ya merece la pena. De hecho, la excursión puede continuar hacia Áliva, donde se sitúa el antiguo refugio, hoy convertido en hotel, que permite incluso alojarse en plena montaña.
Santo Toribio de Liébana, una pausa cultural en mitad del verde
Entre tanta naturaleza, Camaleño ofrece también una dimensión patrimonial importante. El Monasterio de Santo Toribio de Liébana aporta ese contrapunto cultural que completa el viaje.
Ligado al Camino Lebaniego, fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1953 y hoy está considerado Bien de Interés Cultural. Custodia el Lignum Crucis, considerado el fragmento más grande conservado de la cruz de Cristo, lo que lo convierte en uno de los lugares santos de la cristiandad.
Es una visita que encaja muy bien en la ruta, porque aporta contexto histórico, invita a recorrerlo con calma y suma profundidad al viaje sin romper la conexión con el paisaje.
La gastronomía lebaniega: el broche que siempre apetece
En esta zona, comer bien es parte del plan, no un extra. En esta comarca el plato estrella es el cocido lebaniego, y si lo reservas para después de una caminata o un día lluvioso, lo disfrutas el doble. La propia gastronomía de Cantabria lo recoge como receta tradicional, con garbanzos de Liébana, repollo y rellenos.
Para completar el “inciso gastronómico” merece la pena tener en el radar dos productos con nombre propio: los quesucos de Liébana (DOP) y el Orujo de Liébana (con Denominación Geográfica) aparecen como elaboraciones destacadas dentro de la gastronomía cántabra.
Nuestros tips:
- Si vas a Fuente Dé, intenta subir temprano. La luz suele ser mejor y el mirador se disfruta con más calma.
- No apures horarios si haces rutas de montaña. Mete margen para bajar sin prisas y para cambios de tiempo en altura, aquí la climatología varía por momentos.
- Si quieres meter patrimonio sin romper el ritmo, Santo Toribio encaja perfecto como visita de mañana.
- Si viajas a finales de agosto, revisa la agenda y encaja al menos una actividad de Rurales.
- Después de caminar, o no, pide cocido lebaniego. ¡No es negociable!
- Si te gusta volver con fotos, el final de la tarde suele ser el mejor momento en pueblos de piedra como Mogrovejo.
- Si te apetece alargar la escapada con ambiente local, mira si coincide la Fiesta del Orujo en Potes.
